Domingo 17 de noviembre de 2019
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El abuso de las tomas y el abuso
30 de septiembre de 2017

Ricardo Roa - Clarín

El Buenos Aires fue tomado contra una reforma que no lo toca. Y terminó con una chica de 14 años abusada.
En la toma del Nacional Buenos Aires hay al menos dos cosas. Una, explicable. Y la otra sólo explicable con retórica, algo que hace rato se está imponiendo sobre el razonamiento sincero.
La primera que no es primera por importancia sino por más fácil de discernir es que la toma contra la reforma educativa fue contra una reforma que no alcanza a ese colegio porque es dependencia universitaria. Está claro: en el Buenos Aires la motivación fue sólo política.
La segunda es que hubo un abuso sexual. Lo denunció la víctima a los líderes de la toma. Y lo contó luego por Facebook. Ella tiene 14. El es mayor: tiene 18. Si no fuera porque la chica lo contó en las redes y trascendió, el Centro de Estudiantes que habló hasta por los codos lo habría callado. Entre sus reclamos los estudiantes hablaban de más y mejor educación sexual y de cuestiones de género. Quedaron en los papeles.
Fue el rector Gustavo Zorzoli el que habló. Aunque patinó cuando habló. El Centro se excusó después. Dijo que no había informado nada para “respetar los tiempos de la víctima”. Un secreto para protegerla. ¿A ella, al abusador o a ellos mismos? Ella no se sintió protegida. “Pasó y me hizo mierda”, escribió. Y pasó en la primera noche de la toma. Se acostaron sobre colchonetas y el chico, del último curso, se le tiró encima. Recién ayer el rector decidió separarlo. Más que el rector, la UBA. Hasta ahí, la sancionada era la chica: había dejado de ir al colegio para no encontrarse con él. Una de las patinadas del rector.
Hay una epidemia de explicaciones para lo inexplicable. No es sólo cosa de estudiantes. Dicen que el papá de ella, a favor de las tomas, no quería hacer la denuncia para no afectar la lucha contra el neoliberalismo. Podría haber dicho como dijo otro padre: no hay que criminalizar la protesta estudiantil. Hay razones del progresismo que la razón no entiende. Han pasado tres semanas y recién ayer el padre, que tiene la tenencia de la chica, informó en un reportaje de TV pero de espaldas a la cámara que hizo una presentación ante la "Unidad Fiscal de la Mujer".
El kirchnerismo banalizó la educación y esa banalización sigue. Desmoronó especialmente la escuela secundaria: se cayeron aprendizajes y se cayó la Argentina en todas las pruebas internacionales de calidad. Dejó más jóvenes ni-ni que no estudian ni trabajan. Alentó huelgas interminables, desjerarquizó a los buenos docentes y continúa alentando tomas.
La Ciudad inicia una reforma que es de las más ambiciosas y profundas en años. Tres ejemplos: se sale de la escuela fragmentada en materias y se las agrupa en espacios de conocimientos; se pasa a trabajar centralmente por proyectos abandonando la educación enciclopedista y se instala la práctica laboral en el último año como un escalón de formación para el trabajo.
Tiene un desafío: transformar un buen proyecto en realidad. Y tiene un problema: se conoce poco. Han faltado consultas. El kirchnerismo y el trotskismo cuestionan las pasantías con un argumento infantil: las prácticas laborales son un instrumento de las multinacionales para explotar a los jóvenes.
Detrás de ese argumento hubo decenas de tomas que paralizaron los colegios. La enseñanza, al rincón.

En la toma del Nacional Buenos Aires hay al menos dos cosas. Una, explicable. Y la otra sólo explicable con retórica, algo que hace rato se está imponiendo sobre el razonamiento sincero.
La primera que no es primera por importancia sino por más fácil de discernir es que la toma contra la reforma educativa fue contra una reforma que no alcanza a ese colegio porque es dependencia universitaria. Está claro: en el Buenos Aires la motivación fue sólo política.
La segunda es que hubo un abuso sexual. Lo denunció la víctima a los líderes de la toma. Y lo contó luego por Facebook. Ella tiene 14. El es mayor: tiene 18. Si no fuera porque la chica lo contó en las redes y trascendió, el Centro de Estudiantes que habló hasta por los codos lo habría callado. Entre sus reclamos los estudiantes hablaban de más y mejor educación sexual y de cuestiones de género. Quedaron en los papeles.
Fue el rector Gustavo Zorzoli el que habló. Aunque patinó cuando habló. El Centro se excusó después. Dijo que no había informado nada para “respetar los tiempos de la víctima”. Un secreto para protegerla. ¿A ella, al abusador o a ellos mismos? Ella no se sintió protegida. “Pasó y me hizo mierda”, escribió. Y pasó en la primera noche de la toma. Se acostaron sobre colchonetas y el chico, del último curso, se le tiró encima. Recién ayer el rector decidió separarlo. Más que el rector, la UBA. Hasta ahí, la sancionada era la chica: había dejado de ir al colegio para no encontrarse con él. Una de las patinadas del rector.
Hay una epidemia de explicaciones para lo inexplicable. No es sólo cosa de estudiantes. Dicen que el papá de ella, a favor de las tomas, no quería hacer la denuncia para no afectar la lucha contra el neoliberalismo. Podría haber dicho como dijo otro padre: no hay que criminalizar la protesta estudiantil. Hay razones del progresismo que la razón no entiende. Han pasado tres semanas y recién ayer el padre, que tiene la tenencia de la chica, informó en un reportaje de TV pero de espaldas a la cámara que hizo una presentación ante la "Unidad Fiscal de la Mujer".
El kirchnerismo banalizó la educación y esa banalización sigue. Desmoronó especialmente la escuela secundaria: se cayeron aprendizajes y se cayó la Argentina en todas las pruebas internacionales de calidad. Dejó más jóvenes ni-ni que no estudian ni trabajan. Alentó huelgas interminables, desjerarquizó a los buenos docentes y continúa alentando tomas.
La Ciudad inicia una reforma que es de las más ambiciosas y profundas en años. Tres ejemplos: se sale de la escuela fragmentada en materias y se las agrupa en espacios de conocimientos; se pasa a trabajar centralmente por proyectos abandonando la educación enciclopedista y se instala la práctica laboral en el último año como un escalón de formación para el trabajo.
Tiene un desafío: transformar un buen proyecto en realidad. Y tiene un problema: se conoce poco. Han faltado consultas. El kirchnerismo y el trotskismo cuestionan las pasantías con un argumento infantil: las prácticas laborales son un instrumento de las multinacionales para explotar a los jóvenes.
Detrás de ese argumento hubo decenas de tomas que paralizaron los colegios. La enseñanza, al rincón.

Ricardo Roa

Fuente: Clarín

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