
Rosario, 22 de febrero 2026
Mi nombre es Rubén Alberto Leguizamón, soy el papá de Patricia Beatriz Leguizamón. Mi hija sufrió un accidente el día 17 de febrero a las 10 hs, aproximadamente en la Ruta Provincial 51, a la altura del kilómetro 542, en jurisdicción de La Madrid. Ella junto a su hijita y su esposo fueron trasladados al Hospital "Dr. Mariano Etchegaray". Horas más tarde se confirmó el fallecimiento de mi hija de 52 años, quien había sido intervenida quirúrgicamente. Su esposo y mi nieta tenían algunos golpes, pero estaban fuera de peligro.
Cuando mi yerno nos comunica del accidente, mi hijo y yo estábamos trabajando y salimos de inmediato, como estábamos, al lugar del hecho, con tal mala suerte que el GPS nos deriva a otro lugar y nos retrasa en más de 300 km.
Llegamos a La Madrid ya de noche, al Hospital, donde fuimos recibidos por una enfermera y luego un médico que nos comunicó lo sucedido. El dolor fue incontrolable y nos derrumbó a mi hijo y a mi. Mucho más cuando la vimos.
Luego fuimos a reunirnos con mi yerno y mi nieta, ya estaban JUNTOS en a misma habitación, con toda la atención del personal del Hospital. Todos y cada una de las personas que allí trabajan nos hicieron sentir su compañía y solidaridad.
Tuvimos que ir a la comisaría, a la fiscalía, la morguera y a diferentes lugares para tramitar el traslado del cuerpo de mi hija, que además debía ser sometida a una autopsia en Azul, (150 km de allí). Cada persona con la que teníamos que hablar para resolver algo, se ponía a nuestra disposición y nos iba allanando al camino, resolviendo distintas situaciones burocráticas y haciendo que todo se fuera concretando. Por otro lado, en el Hospital la contención que le brindaron a mi nieta al igual que mi yerno fue realmente excepcional y un gran alivio, ya que se encargaron de darle la terrible noticia (una excelente psicóloga, una gran persona).
Al tratar de descansar el día del accidente (martes a la noche, más de las 23hs) nos encontramos también con personas que, a pesar de nuestro aspecto, estábamos con ropa de trabajo, desalineados y destruidos, nos abrieron las puertas y nos brindaron un lugar acogedor para poder darnos un baño y descansar el cuerpo. También cabe destacar que a las seis de la mañana llega el hijo mayor de mi hija con su novia y su papá; los dueños del lugar donde estábamos los reciben y preparan para TODOS un desayuno, ese detalle, aunque no lo hubiéramos podido disfrutar por razones obvias, nos hizo ver nuevamente la GRAN CALIDAD HUMANA de los habitantes de La Madrid.
El miércoles después de recibir el alta mi yerno y mi nieta, volvimos a Rosario, con el corazón deshecho.
Todo lo sucedido fue realmente una tragedia, y nos destrozó la vida, pero tuvimos la bendición de encontrarnos con personas que nos ofrecieron todo lo que podían y nos dieron UNA MANO, una mano amiga a pesar de no conocernos, una mano cariñosa, una mano fuerte y decidida a ayudarnos. ¡¡¡¡Yo sólo quiero DARLES LAS GRACIAS A TODOS Y A CADA UNA de las personas con las que nos topamos!!!! Que Dios los bendiga siempre. Un gran abrazo.
Rubén Alberto Leguizamón
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