Jueves 20 de junio de 2019
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Macri tiene que controlar la economía
28 de abril de 2019

Por: Joaquín Morales Solá. La Nacion

Macri con la lengua afuera. Un presidente rebasado por el peso de las novedades económicas. Un líder político agotado. Esos trazos pertenecen al esbozo que no pocos opositores del mandatario se afanan por dibujar en estos días ante la opinión pública. Cristina Kirchner es la primera de ellos. ¿O, acaso, quiso decir otra cosa cuando escribió que Macri es el caos y que ella (y el peronismo) deben restablecer el orden? El orden es la eterna oferta del peronismo, aunque tres presidentes peronistas (Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner) tuvieron picos de riesgo país infinitamente más altos que el de Macri. El Presidente camina su Gólgota, es cierto.
La inflación de marzo fue inesperadamente alta; el dólar aletea de manera constante hacia arriba, y el riesgo país alcanzó un nivel que es difícil de explicar cuando los pagos de los próximos dos años, por lo menos, están garantizados por el Fondo Monetario. Inflación y dólar. Esos son los termómetros de la opinión pública argentina para establecer el estado de la salud de la economía. Los dos dieron malas notas en días recientes. En un escenario macroeconómico mucho mejor que en 2015, la razón del tembladeral debe buscarse más en las sensaciones de los mercados, en el pánico de los compradores compulsivos de dólares o en el activismo político de los hombres de negocios.
Muchos se preguntan por qué algunos de esos actores terminarán beneficiando a Cristina por temor a Cristina. La historia está llena de esas contradicciones. En 2001, el Fondo Monetario le negó a De la Rúa un préstamo módico, aunque simbólico: poco más de 2000 millones de dólares. Significó el principio de su caída. Las cosas fueron peores para todos. El gobierno peronista que lo sucedió decidió el default más importante de la historia de la humanidad. ¿Puede suponerse, acaso, que los principales empresarios argentinos quieren el regreso de Cristina? La mayoría no, seguramente. Pero contribuyen a ese regreso cuando dejan trascender que les gustaría que María Eugenia Vidal reemplazara a Macri en la candidatura presidencial. Ese consejo debilita al Presidente y carece de información veraz sobre las principales personas de la política argentina. Vidal, que retiene el primer lugar entre las personas más populares del país, no aceptaría la candidatura presidencial. Cuentan en La Plata que ya le costó demasiado a Macri convencerla para que aceptara la reelección como gobernadora. Vidal, una obsesiva del trabajo, siente la fatiga de los años como gobernadora de la vasta geografía más conflictiva del país. El reemplazo de Macri por Vidal construiría, además, un hecho simbólico que mostraría a Cambiemos como una alianza perdedora, que siempre es la antesala de la derrota. Ni Macri quiere irse de la candidatura ni Vidal quiere esa candidatura ni el enroque sería una decisión triunfadora. ¿Por qué insisten en un camino que conduce a ninguna parte?
La Argentina será un país mucho más tranquilo en el próximo mandato presidencial, sea quien fuere el presidente. La herencia más pesada del kirchnerismo se está saldando. El déficit de cuenta corriente se redujo a casi un 20 por ciento de lo que era. Es el déficit más difícil de sufragar para la economía. Es la diferencia entre los dólares que se gastan y los que genuinamente entran al país. Si hay déficit, como lo hay, el país no puede pagarlo sin endeudarse porque se trata de una moneda, el dólar, que no se emite aquí. El ajuste de los gastos en dólares del país ha sido realmente severo. El déficit fiscal primario llegará a cero, o cerca de cero, este año. Era del 5,4% cuando Cristina dejó el poder. La inflación alta ayudó, porque la recaudación de pesos es mayor y las jubilaciones se aumentan con la inflación pasada. El gasto previsional significa el 60 por ciento del presupuesto nacional, después de que Cristina aumentó exponencialmente el número de jubilados. Una cuestión macroeconómica virtualmente resuelta es la del fuerte atraso en las tarifas de los servicios públicos que también dejó Cristina. El trabajo más importante sobre el conflicto de servicios públicos casi gratuitos, pero subsidiados por el Estado, ya se ha hecho. Esos son los problemas macroeconómicos más sustanciales que existían. Falta la reforma previsional, para hacer más previsibles y razonables los gastos del Estado, y las reformas laboral e impositiva, para mejorar las condiciones de la economía en general, de los trabajadores actuales y de los que querrán trabajar en un mundo cambiante y vertiginoso. Habrá vencimientos importantes de los préstamos del Fondo en el próximo cuatrienio. La oposición anuncia que los refinanciará. Macri también lo hará. Los créditos del Fondo están para ser refinanciados. La oposición puede decirlo; Macri, no.
Un elemento no menor, aunque no el único, que disparó la reciente volatilidad del dólar y, sobre todo, del riesgo país fue la difusión en el exterior de una encuesta de Isonomía. En rigor, el temor se extendió cuando se supo que ante la consulta sobre un eventual ballottage, Cristina ganaría con el 45% de los votos frente al 36% de Macri. La consulta sobre la segunda vuelta fue un apartado casi insignificante de la medición de la agencia para un fondo de inversión, que es el que se encargó de divulgarlo en el mundo. Hablar en las actuales condiciones de los supuestos resultados de una segunda vuelta en las elecciones presidenciales es adentrarse en territorios propios de la ficción literaria. Faltan más de siete meses para esa elección, que se haría el 24 de noviembre. Habrá dos elecciones nacionales, las primarias obligatorias y la primera vuelta, antes de esos comicios. En el medio, influirán de manera decisiva el decurso de la economía, fundamentalmente de la inflación y del dólar, y la dinámica de la propia política. En la eventual (y remota) segunda vuelta hay todavía un 20 por ciento de indecisos en esa encuesta. El 60 por ciento de la sociedad contesta hoy, ante la primera pregunta, que aún no decidió el candidato por el que votará. Una inmensa mayoría social no está en modo electoral. Ni siquiera hay candidatos firmes a la presidencia, salvo Macri. Cristina no se lanzó todavía, aunque camina sin disimulo hacia la inexorable candidatura. Lavagna es candidato hoy, pero ha puesto condiciones para serlo luego. Massa y Urtubey deben dirimir en una interna entre ellos quién de los dos será el candidato. ¿Cómo hablar de segunda vuelta si no se sabe cómo será la primera? Algunos brokers leen la política como un neófito lee física cuántica.
En la encuesta de Isonomía, Cristina no aumentó los índices de imagen ni de intención de votos para la primera vuelta. Macri sí perdió varios puntos. Eso es lo que marcó la diferencia entre ellos. Otras encuestas, en cambio, señalan que hubo un breve, aunque constante, crecimiento de la expresidenta. ¿Es extraño que el Presidente haya caído en las mediciones? Viene de un verano muy malo. La inflación fue desde enero más alta de la prevista. Los efectos de la recesión económica se sintieron más que nunca porque la diferencia entre los ingresos y los egresos fue mayor. Los salarios viejos fueron más viejos aún por la inflación y porque solo en mayo comenzarán a cobrarse los primeros aumentos salariales posteriores a la crisis cambiaria e inflacionaria del año pasado. Y encima se aplicaron durante los últimos meses varios incrementos en los precios de las tarifas de servicios públicos. Un presidente popular en semejante contexto hubiera sido una rareza inexplicable.
El problema de Macri es la incertidumbre electoral y también la económica. No habrá paraíso económico antes de las elecciones, aunque es probable que la inflación baje (la de abril será menor que la de marzo), siempre que el equipo económico logre moderar la adicción argentina por el dólar. Si el paraíso está después de la frontera electoral, el Presidente debe encontrar una oferta para antes de las elecciones. Ella o el caos, advirtió Cristina, y se propuso para reordenar el país. Ante ese desafío, Macri debería garantizar el control de las principales variables económicas. Solo el control. El orden kirchnerista termina en el autoritarismo. La historia es testigo.

Por: Joaquín Morales Solá. La Nacion

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